
LAS COSAS DE LA VIDA
Cuando Elías abrió la puerta de su casa esa mañana del 28 de Marzo, ni se imaginaba lo que ocurriría. Es que la vida nos conduce por senderos extraños a veces. Es mi deber como redactora contarte esta historia, es tu opcion como lector creerla o no, pero al menos te hará soñar.
Quedaban los últimos vestigios de verano en Santiago, había sido caluroso y novedoso tanto para Elías como para Rocío. Nuevas experiencias iluminaban las soleadas tardes de Febrero, especialmente para Elías, ya que un dejo de ansiosa inocencia en su mirada delataba una reciente separación. Mezcla de sentimientos solitarios, espacios vacíos, y deseos insatisfechos lo llevaban una y otra vez a mal gastar su infinito corazón en relaciones, muy poco productivas e irreales.
Por otra parte Rocío, una adorable joven madre, separada. Que mantiene sus ojos siempre abiertos en espera del sol, que aun en verano escasea. Su corazón quebrantado producto de una nueva trizadura de su copa. Ya casi no lo resiste, la desesperanza la conmueve y la invita a su fiesta, de la que ella no quiere participar, pero se ve forzada.
El reloj mostraba la Una de la Mañana, en un bar de la cuidad. Rocío, junto a su amiga y algún par de personajes secundarios marcaban el cansancio y el aburrimiento del sin sentido de esa noche. De pronto justo a su lado una mirada apacible solicitaba un trago en la barra, en la que ella descansaba sus brazos. Las miradas se cruzaron, llenando de calidez la distancia entre él y ella. Espontáneamente, sin buscar lo suyo... comenzó un ameno dialogo. No queda claro en esta historia si cada palabra pronunciada los acercaba más o los hacía reconocerse. Pero es evidente la magnética y dulce atracción suave como el viento, y cálida, tan cálida como una ferviente oración.
Desde esa noche fueron libres de toda presión, INSEPARABLES sería una buena palabra para describir el nivel de afecto que los cubrió. La noche no terminó, no tuvo fin, un café luego otro, las palabras fluían hasta nunca cansarse.
Las responsabilidades de la vida los separaron por un breve instante.
Una llamada telefónica al medio día invitaba a Rocío a una cita, ella, con temor y gratitud aceptó. Otra llamada pocos minutos mas tarde... advertía la mutua necesidad de volver a encontrarse mucho antes que en una cita... que tal ahora mismo?..... Entre hijos y amiguitos, pollo y papas fritas, sus miradas se cruzaron nuevamente y calor interno volvió a surgir, convirtiéndose en un adictivo sentimiento de paz.
Ambos de una forma poco convencional, se dejaron llevar por esa sensación, imposible de describir con palabras, de que lo que sentían simplemente ERA y tenía que ser. Contra la lógica y todos los pronósticos, dejaron a sus corazones hacer lo suyo y seguir día a día, hora a hora – lo digo sin temor a exagerar – acercándose y compenetrándose más y más.
Fuera con la excusa de una película sin ningún tipo de galardones o para compartir sus gustos y pasiones musicales o sencillamente para conversar y conversar, así como sólo ellos podían hacerlo; se vieron y se volvieron a ver, hasta que sus barreras fueron poco a poco cediendo, tal como la roca cede ante la erosión del mar, pero en lugar de demorarse miles de años, lo suyo fue sólo en unos pocos días.
Cuándo empezó el romance? Cuándo se hizo evidente la magia que había entre ellos? Quizás fue en aquel bar o quizás fue en una piedra feliz o a lo mejor fue al calor de las brazas y de la conversación de aquella tarde de campo, vino, fotografías y butifarras… creo no equivocarme al decir que fue un poco en cada una de esas ocasiones, algo así como una puesta de sol que durara varios días, así como un segundo que durara una semana y al pasar ese segundo mágico se encontraron. Elías y Rocío… ellos, Elías y Rocío.
Rocío pudo ver en poco tiempo que no era cualquier ola en la que se empezaba a sumergir, pero eso, en lugar de hacerla volver a la playa, la hizo adentrarse más y más en el mar, ese mar tibio, tranquilo, pacífico que solo ellos podían compartir.
Elías, un tipo racional y contenido, simplemente dejó de pensar y pensar y logró lo que nunca había podido hacer; se dejó llevar por sus sentimientos, sin esos pensamientos agotadores de qué va a pasar si esto, o qué pasará si esto otro… simplemente decidió vivir.
Rocío volvió a creer; creer en las personas, creer en el amor, creer en un hombre…
Elías volvió a sentir… y también volvió a creer, creer que es posible, creer en una mujer…
Mucho tiempo ha pasado desde que se conocieron y la verdad es que hace varios años que no sé nada de ellos. Pero cada vez que veo a una pareja de esas que dan algo de envidia, esas parejas que caminan por la playa siempre de la mano, esas parejas que pueden mirarse por horas sin decir nada, esas parejas que viven la vida como si fueran uno solo… siempre que veo eso, creo verlos a ellos. Me los imagino en esas tardes completas que pasaban hablando, escuchando su música, compartiendo sus experiencias de vida, alejados del mundo, pero parte de él también y sólo puedo imaginarlos de una forma… juntos, siempre juntos, cual gota de rocío, que nunca deja de caer.
...me dijo: tengo frío, acércame calor y fui con tanto brío que encendí su corazón y mientras la besaba me dijo en un temblor: esto es lo que faltaba para que saliera el sol.! Oh, gota de rocío no dejes de caer para que el amor mío siempre me quiera tener.