Cansado, abrumado y arrebatado por la ira, él coge una luminosa arma del piso, y levantándola con fuerza mucho más de lo que el filo y la plata ameritaban, fue en contra de ella, hundiéndola con fuerza en el cuerpo desnudo de rocío, una y otra vez y cada vez con más horror, pánico y satisfacción. De pronto, repentino como un calor orgásmico, Marcelo deja caer el arma sobre las hojas humedas, a un costado de Rocío en su lecho de muerte.
Marcelo, en el profundo eco del silencio con sus ojos cerrados, sus manos temblorosas, y su cuerpo adrenalínico de dolor. Cae sentado sobre la piedra que estaba junto a la agonizante Rocío. Sin emoción la observa, se detiene el tiempo y todo se transforma. Marcelo entrando en el mundo tiniebloso y abrumador de las dudas y el temor… continua mirando a Rocío, tubo miedo de haberle quitado la vida, en su reacción no racionalizo su hecho. Una lágrima naciente por el rincón del ojo de ella advertían la presencia de su alma.
Cabizbajo y con las manos sobre sus rodillas, desde la roca seguía observando a Rocío, su lágrima la empapó y la envolvió en el solitario mundo de lo in entendible, en el mundo del silencio, del sueño profundo, el dolor de las heridas superaban a cualquier dolor vivido por lo que se convertían todos en un sola cosa, un grito en el alma.
Confundido por sus actos Marcelo decide hablarle y con sus ojos en otras tierras con su alma queriendo arrancar, susurra pero en tono determinante… ME OBLIGASTE, fue tu culpa, no me dejaste opción… porqué me hiciste esto?, porque me mataste?. Enloquecido y extraviado decide arrancar, dejando a roció en total abandono y muriendo. Corre, Marcelo, corre y mientras se arranca el viento suspira en su oído palabras y si él pone atención logra distinguir, lo que algún día fue lo mas bello de su vida, cuando la conoció y relatado con palabras que el ya conocía.
“Las miradas se cruzaron, llenando de calidez la distancia entre él y ella. Espontáneamente, sin buscar lo suyo... comenzó un ameno dialogo. No queda claro en esta historia si cada palabra pronunciada los acercaba más o los hacía reconocerse. Pero es evidente la magnética y dulce atracción suave como el viento, y cálida, tan cálida como una ferviente oración.
Desde esa noche fueron libres de toda presión, INSEPARABLES sería una buena palabra para describir el nivel de afecto que los cubrió. La noche no terminó, no tuvo fin, un café luego otro, las palabras fluían hasta nunca cansarse.
En su locura, Marcelo decide cambiar su pasado, su futuro y claro… su presente. Ocultando sus hechos, detrás de esa oscura mirada confundida que lucha por mirarse transparente, enfrenta su nuevo mundo, él que no es tan nuevo ya había estado allí antes, lo creyó parte de su juventud, pero evidentemente el niño aun vivía dentro de él. La adictiva noche con sus cosas, lo atrapan más y más, el alcohol es su mejor arma, los besos ajenos su esperanza y su ataud. De momentos la libertad la siente crecer en su cuerpo… vivo lo que quiero vivir! Es su lema.
Ambos de una forma poco convencional, se dejaron llevar por esa sensación, imposible de describir con palabras, de que lo que sentían simplemente ERA y tenía que ser. Contra la lógica y todos los pronósticos, dejaron a sus corazones hacer lo suyo y seguir día a día, hora a hora – lo digo sin temor a exagerar – acercándose y compenetrándose más y más.
Fuera con la excusa de una película sin ningún tipo de galardones o para compartir sus gustos y pasiones musicales o sencillamente para conversar y conversar, así como sólo ellos podían hacerlo; se vieron y se volvieron a ver, hasta que sus barreras fueron poco a poco cediendo, tal como la roca cede ante la erosión del mar, pero en lugar de demorarse miles de años, lo suyo fue sólo en unos pocos días.
Marcelo, lo sabía siempre lo supo….puede seguir culpando a Rocío…pero él lo sabe.
Rocío, por otra parte se batía entre la vida y la muerte su cuerpo agónico no responde más su alma no sabe que hacer, si despegar o quedarse y en el frío de la noche comienza a navegar por el viento y a recordar sus propias palabras:
No sé si hay alguien que administre la felicidad o las bendiciones que recibimos, pero me queda claro que así es como me siento... bendecida. No pensé que existías realmente, me siento inmersa en el cariño que mi ser mujer necesita. Tus manos me llenan de afecto, tu boca respira amor, tu corazón es grande tan grande que traspasa tu cuerpo y el mío... tocas mi alma suavemente con cada uno de tus abrazos sinceros...me traes paz, me siento segura y protegida. A tu lado la palabra felicidad se hace real, palpable como una manzana roja y dulce... Te pensé tantas veces en mi vida, te dibuje con el pincel de las emociones en mi mente y hoy te miro y te miro... casi como si mi mirara mi propia obra... Gracias por tu amor y por aceptarme tal como soy.
Y como tu dices siempre.... espero que dure muchos años.... (no dejes de caer)
La fuerza de su amor era mayor al arrebato de Marcelo y aunque su cuerpo yacía envenenado por el dolor, en su alma la sobrecogía la humildad, jamás haría algo así a quien amo, ni aún ahora… repetía una y otra vez. Con el ojo de la memoria viajaba en busca de respuestas, culpándose por cada error, asumiendo y resucitando sus actos que tanto la hacían temblar.
De alguna forma hasta justificaba a Marcelo, pero esta justificación nacía en el amor, no en la razón.
Sólo necesitaba una cosa, que él volviera por ella. Nadie mas en el mundo sabía de su padecimiento, gritaba desde su alma su nombre a los cuatro vientos, buscaba a su alrededor hasta donde su cordón de plata le permitía deambular, no estaba…
Cuándo empezó el romance? Cuándo se hizo evidente la magia que había entre ellos? Quizás fue en aquel bar o quizás fue en una piedra feliz o a lo mejor fue al calor de las brazas y de la conversación de aquella tarde de campo, vino, fotografías y butifarras… creo no equivocarme al decir que fue un poco en cada una de esas ocasiones, algo así como una puesta de sol que durara varios días, así como un segundo que durara una semana y al pasar ese segundo mágico se encontraron. Elías y Rocío… ellos, Elías y Rocío.
En la soledad de la noche, Ella comenzó a sentir cosas diferentes, el miedo a que un animal la devore, a las ratas del campo, aves gusanos y mirando que su cuerpo esta ya casi sin vida, quiso ahondar en sus culpas, comprendió que el miedo debía controlarlo, que en el fondo todos estamos solos, que antes de entregar a otros debe entregarse a si misma, que la humildad no vale si no la respetan, que el amor no se compra, no se vende ni se retiene a la fuerza, que las personas cuando no están preparadas para amar, simplemente no lo están, que la vida tiene procesos, que el egoísmo no es buena compañía, que el mundo privado individual es tan importante como el que comparto, que amar a alguien es mas que simplemente amarlo a él, es respetar, es enriquecerse mutuamente, es tolerar, es poder ser uno mismo pero en compañía, que es terrible vivir con miedo, que sentir es una bendición, que amar es estar vivo, que aceptar el amor es un gesto de vida, que el que no ama… no está, que el que no ama…no está, que el que no ama… no esta.
Grita al cielo sus culpas, su alma ruega al cielo que él algún día él reconozca las suyas y deje de culparme. Mi pecado es amar…
Mi pecado es querer conservar lo que no quiere estar, mi pecado es no saber aceptar, mi pecado es enviarte palabras a través del viento sin comprender que tu buscas otros aires.
Una luz en la oscuridad pronuncia calidamente el nombre de Rocío “regresa, no te vallas” la dulzura de su acogedor tono la regresa a su cuerpo frío. Un suspiro la hace abrir sus ojos y en medio de una mirada que no conocía, se pregunta…. Donde quedaron esas palabras, dulces hermosas, esos momentos sagrados, esa ilusión maravillosa que nos hacía vibrar, éramos inseparables…no sé si he muerto o sigo viva, solo sé que estoy si ti.
MJ